Después de un ensayo mes-largo y durante deliberaciones del jurado, Jason Rubin colocó un caso médico de la negligencia médica/muerte ilícita para $2.95 millones. El caso implicó a madre divorciada de 33 años de dos muchachas, edades 12 y 14 al tiempo, que presentaron a su interno del 7 febrero de 1996 con quejas de varias semanas de la presión del pecho que irradiaban a su brazo izquierdo, que no fue relacionado con el esfuerzo. El doctor la diagnosticó con la enfermedad gastroesophageal del reflujo (GERD), prescribió su Zantac y le mandó volver a su oficina en un mes para una prueba de tensión para eliminar causas cardiacas de su dolor de pecho.

La fallecida continuó teniendo dolor / presión en el pecho intermitente durante los dos días siguientes a pesar de tomar Zantac y, el 9 de febrero de 1996, fue a la sala de emergencias de su hospital local. Fue atendida por un médico que la diagnosticó correctamente con dolor de angina de pecho inestable causado por un flujo inadecuado de sangre oxigenada al tejido del corazón. Sin embargo, debido a un cambio de turnos, fue evaluada por un segundo médico que le diagnosticó esofagitis (una manifestación de ERGE) y le dio de alta a su hogar.

Del 10 febrero de 1996, difunto comenzada otra vez a experimentar el pecho dolor/presión al mediodía de aproximadamente 12:00 mientras que en el hogar. Ella también vomitó varias veces. Una ambulancia fue llamada y le llevaron al mismo hospital en donde la vieron el día antes. Aproximadamente 40 minutos después de llegar el hospital esencialmente no se había proporcionado ningún tratamiento ella y ella desarrolló convulciones repentinos. La entonces pusieron en un monitor cardiaco y un EKG fue realizado que indicó que ella tenía una fibrilación ventricular de la arritmia seria del corazón como resultado de un infarto del miocardio (ataque del corazón). Difunto la murió eventual a pesar de varias horas de esfuerzos al resuscitate.

En el juicio, Jason presentó pruebas sustanciales de que el internista y el segundo médico de la sala de emergencias el 9 de febrero fueron negligentes por no haber ingresado al fallecido en el hospital y por tratar su enfermedad coronaria. Jason presentó además evidencia de que el médico de la sala de emergencias el 10 de febrero fue negligente por no sospechar que las quejas del fallecido eran de naturaleza cardíaca y por no prestar ningún tipo de atención o tratamiento para su condición.

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